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martes, 26 de agosto de 2025

EL ORO O EL AGUA: ¿QUÉ VALE MÁS?

 

El oro o el agua: ¿qué vale más?

Por: JORGE EDUARDO COCK L. | 9:56 p.m. | 13 de Agosto del 2011

De continuar la fiebre del oro, nos dejará empobrecidos, con menos tierras agrícolas, menos bosques y en cambio más desiertos, menos aguas y muy contaminadas.

Sobre minería y medio ambiente, en Colombia se escuchan voces muy autorizadas en defensa de este último, pero muy pocas con un enfoque económico. En este sentido, son destacables un excelente estudio presentado en estos días por Fedesarrollo -en el cual se analizan la 'maldición de los recursos naturales', la 'enfermedad holandesa' y las alternativas para evitarla o mitigarla- y el pronunciamiento de dos oráculos de la ortodoxia económica, Rodrigo Botero y Domingo Cavallo, quienes afirman que "la actual coyuntura permitiría gravar una parte de las ganancias extraordinarias del sector minero-energético, y utilizar esos recursos para reducir los impuestos de sectores exportadores con un alto contenido de mano de obra y para eliminar los gravámenes a los salarios". Trato yo de integrar en estas líneas mi opinión bajo las perspectivas ambiental, económica y minera.

Lo primero es que la locomotora de la minería se está desbocando. Especialmente por la fiebre del oro con sus precios, fiebre que, de continuar, nos dejará empobrecidos, con menos tierras agrícolas, menos bosques y, en cambio, más desiertos, menos aguas y muy contaminadas. Y lo peor, con gran parte de la economía raquítica, carcomida por un progresivo debilitamiento de los sectores de bienes y servicios transables, empezando por los más intensivos en mano de obra, lo que va destruyendo el aparato productivo del país, y generando una grave e irresistible descomposición social. Eso hay que frenarlo.

La gran minería y la explotación de hidrocarburos muestran importantes aportes al PIB cuyas cifras son bastante engañosas, de muy bajo multiplicador, pues en gran parte corresponden a depreciaciones, amortizaciones y remuneraciones al capital, que además se van si este es extranjero. Al mismo tiempo, presionan fuerte revaluación del peso, primero por la inversión de capital y luego por las exportaciones.

La pequeña y mediana minería y la artesanal agregan más valor si operan legalmente. Aunque sería tema de otro escrito, a estas se les debe apoyar y proteger. El tema del oro es más complicado. Casi todos los minerales y los hidrocarburos tienen usos y transformaciones ulteriores que agregan valor y generan empleo, que no es el caso del oro, cuya venta agiganta el torrente monetario, con muy poco efecto sobre el ingreso real.

Y más grave es la destrucción de bosques y fuentes de agua, cuando se trata de sacar oro aluvial arrasando bosques primarios, al igual que oro diseminado, para lo cual usualmente destapan, vuelan y muelen entre 100 y 200 toneladas de roca para sacar un kilo del metal y utilizan grandes cantidades de agua, cianuro y mercurio. Ese oro, obtenido a esos costos ambientales y sociales, no nos interesa: es miles de veces más costoso que todos los beneficios que se quieran pintar. Para esa forma de explotación, las licencias ambientales deberían ser drásticamente estrictas y restringidas. Y si pretendieran tocar bosques primarios, humedales, u otras áreas frágiles, ni para exploración se deberían otorgar. Colombia debería acoger la recomendación de Botero y Cavallo, sin temor a las críticas de la ortodoxia fundamentalista y poco realista.

 Y, además, acabar con las prebendas que los favorecen en regalías y exenciones tributarias. Lástima que no se aprovechó la ley de reforma de las regalías para haber introducido, para el oro y otros metales, un factor de variación relacionado con los precios internacionales, como sí rige hace años para los hidrocarburos.

📌 Resumen del texto

El autor advierte sobre los riesgos de una explotación minera descontrolada en Colombia, especialmente motivada por el alto precio del oro. Critica que esta fiebre minera puede traer consecuencias negativas a nivel ambiental, social y económico, afectando tierras agrícolas, bosques, fuentes hídricas y el aparato productivo del país.

Aunque reconoce que la minería contribuye al PIB, sostiene que sus beneficios son engañosos, ya que gran parte de las ganancias se van al extranjero y afectan negativamente otras actividades económicas debido a la revaluación del peso. Plantea que la pequeña y mediana minería, si es legal y bien manejada, puede ser más beneficiosa para el país.

Denuncia especialmente la minería del oro por su alto impacto ambiental y bajo valor agregado. Propone imponer regulaciones más estrictas, eliminar prebendas fiscales y adoptar propuestas de economistas como Botero y Cavallo para gravar las ganancias extraordinarias del sector minero y redirigir esos recursos a sectores que generen empleo.

 Para tener en cuenta

💬 Ideas principales

  1. La fiebre del oro genera más pobreza ambiental, social y productiva que riqueza real.
  2. La minería tiene costos ambientales muy altos, especialmente en lo relacionado con el agua y los bosques.
  3. La minería aurífera aporta poco al ingreso real del país y daña sectores productivos clave.
  4. Es necesaria una política fiscal más justa que grave las ganancias extraordinarias de las grandes empresas mineras.
  5. Las licencias ambientales deben ser mucho más estrictas y negarse cuando se trata de ecosistemas frágiles.

 

️ Tesis central

 

El modelo de minería actual en Colombia, especialmente el centrado en el oro, es insostenible y perjudicial para el país en términos ambientales, sociales y económicos.

 

📚 Tipo de texto

  • Género: Argumentativo
  • Modalidad discursiva: Ensayo de opinión
  • Tono: Crítico, reflexivo y técnico

 

🧠 Preguntas de comprensión

 

  1. ¿Cuál es la crítica principal que hace el autor a la fiebre del oro en Colombia?
  2. ¿Por qué considera el autor que las cifras de aporte al PIB de la minería son engañosas?
  3. ¿Qué soluciones o propuestas plantea para mejorar la situación minera?
  4. ¿Qué papel juegan el agua y los ecosistemas en el argumento del autor?
  5. ¿Cuál es la diferencia que establece entre la gran minería y la pequeña minería?

 

🧠 Producción textual

 

🎯 Instrucción:

 

️ Redacta un ensayo argumentativo en tercera persona impersonal singular sobre el texto “El oro o el agua: ¿qué vale más?” El ensayo debe seguir la estructura formal, utilizar lenguaje académico y contener argumentos sustentados.

 📌 Recomendaciones importantes:

  • Escribe en tercera persona impersonal singular (evita “yo”, “tú”, “nosotros”).
  • Usa un lenguaje formal y claro.
  • No incluyas expresiones coloquiales ni preguntas retóricas.
  • Cuida la ortografía, puntuación y coherencia.
  • Dale un título llamativo y relacionado con el tema.

 

📏 Extensión sugerida:

  • Entre 500 y 1000 palabras.

 

 

EDUCACIÓN PARA EL DESARROLLO SOCIAL

 

EDUCACIÓN PARA EL DESARROLLO SOCIAL

Alfonso Gómez Méndez

Debemos crear las condiciones para que los jóvenes no escojan la docencia por descarte frente a las otras profesiones, que ofrecen mayores incentivos para quienes las eligen.

En la VI Cumbre de las Américas, tan vapuleada por cuenta de las veleidades pasionales de los traviesos miembros del servicio secreto de Obama, el presidente Santos pronunció un discurso que bien podría ser un derrotero para lo que debe ser la nueva agenda de la región: el combate contra la desigualdad y la pobreza extrema, junto con la tesis de que la educación debe ser el verdadero canal de ascenso social y económico en comunidades golpeadas por la inequitativa distribución del ingreso. Sin embargo, recientes informes de prensa revelan cuán lejos estamos de alcanzar las metas propuestas por el Primer Mandatario.

Por cierto, en edición de este diario, bajo el título 'Maestro oficial, una profesión que está en crisis', aparece una radiografía de la educación pública en Colombia, conforme a la cual los maestros de escuelas y colegios públicos no solamente son los peor pagados entre los profesionales, sino que no tienen la formación necesaria, pues muestran "pobres desempeños académicos".

Esos educadores son los encargados de formar a nuestros niños y adolescentes en las fases de preescolar, primaria y básica secundaria. La educación pública debe ser el pilar de una sociedad que realmente quiera combatir las desigualdades sociales. Aunque es importante, no se trata solamente del problema salarial. Debemos comenzar por "enseñar a enseñar" y eso supone atreverse a adelantar una verdadera revolución en el reclutamiento, formación, capacitación y estatuto salarial de quienes dedican su vida a la bella y noble tarea de enseñar.

No en vano el general Santander, presentado con gran injusticia histórica como simple "tinterillo", se esforzó por abrir los primeros colegios y universidades y utilizar métodos modernos para la época, saliéndole al paso a la educación puramente confesional.

López Pumarejo inició una revolución educativa, luego truncada con las escuelas de artes y oficios en su segunda administración. Para evitar la 'doctoritis', los estudiantes de educación secundaria salían además con especializaciones técnicas. Esa revolución pasaría por la creación de un modelo distinto de maestro, gracias al surgimiento de un grupo de universidades que se dedicaron exclusivamente a la formación de docentes e investigadores.

Así como Francia creó la Escuela Nacional de Administración -que tratamos de reproducir lamentablemente sin los resultados esperados con la Escuela Superior de Administración Pública- para la formación de los cuadros administrativos del Estado, Colombia debería crear uno o muchos centros universitarios, ojalá con inyección de formadores extranjeros exitosos, para dar el gran vuelco en la formación de los docentes. Y, desde luego, debemos crear las condiciones para que los jóvenes no escojan la docencia por descarte frente a las otras profesiones, que ofrecen mayores incentivos para quienes las eligen. Por ahí debe comenzar la revolución educativa, cuya prioridad, obviamente, debe reflejarse en los planes de desarrollo y en el presupuesto.

Y, para completar el cuadro, EL TIEMPO, en su edición del domingo, registra la aterradora noticia de que solo en lo que va corrido de este año en el departamento del Chocó -rico como pocos en recursos naturales- 14 niños han muerto de hambre.

¿Cómo podemos convertir la educación en el principal canal de ascenso social si los niños se mueren de hambre, si aún se desmayan por desnutrición en escuelas y colegios -a pesar de todo lo que se ha avanzado en gratuidad de la educación y en comedores escolares- y si los maestros de los colegios públicos están en la más baja escala de los profesionales del país?

El grado de desarrollo de un país se mide por la consideración y la forma como trata a sus maestros, jueces y policías. Aquí tratamos mal a los tres.

 

  Análisis del texto: "Educación para el desarrollo social"

Autor: Alfonso Gómez Méndez
Tema central:
La educación como motor de transformación social y económica en Colombia, y la necesidad urgente de dignificar la profesión docente para combatir la desigualdad.

Tesis del autor:

La revolución educativa en Colombia debe comenzar por una transformación profunda en la formación, dignificación y reconocimiento de los maestros, si se quiere que la educación sea realmente un canal de ascenso social.

Estructura argumentativa:

1.      Contextualización internacional y nacional:

o    Referencia a la VI Cumbre de las Américas y al discurso del presidente Santos sobre pobreza y educación.

o    Contraste entre el ideal planteado en la Cumbre y la realidad colombiana.

2.      Diagnóstico crítico del estado de la docencia:

o    Malas condiciones laborales y salariales de los docentes.

o    Débil formación profesional de muchos maestros.

o    Poco atractivo social y económico de la carrera docente.

3.      Propuesta de transformación estructural:

o    “Enseñar a enseñar” como eje de cambio.

o    Referencias históricas a iniciativas educativas de Santander y López Pumarejo.

o    Propuesta de crear centros universitarios especializados en la formación docente, incluso con apoyo internacional.

4.      Refuerzo del argumento con datos alarmantes:

o    Muertes por desnutrición en Chocó.

o    Desnutrición infantil como barrera al acceso educativo real.

o    Crítica social sobre el trato a docentes, jueces y policías como indicador del subdesarrollo.

Tono del texto:

Crítico, reflexivo y propositivo, con cierto tono de indignación social.

Recursos argumentativos:

  • Comparaciones históricas: menciona a Santander y López Pumarejo como ejemplos de impulso educativo.
  • Ejemplos concretos: caso del Chocó y situación de desnutrición escolar.
  • Ironía crítica: “docencia por descarte”, “tratar mal a maestros, jueces y policías”.
  • Llamado a la acción: transformación desde la política pública y el presupuesto nacional.

Frases clave para análisis:

  • “Debemos comenzar por enseñar a enseñar”.
  • “Por ahí debe comenzar la revolución educativa”.
  • “Aquí tratamos mal a los tres: maestros, jueces y policías”.
  • “¿Cómo podemos convertir la educación en el principal canal de ascenso social si los niños se mueren de hambre?”

Relación con competencias ciudadanas y lectura crítica:

  • Ciudadanía activa: comprensión del papel social del maestro en una democracia.
  • Pensamiento crítico: análisis del rol del Estado en el sistema educativo.
  • Justicia social: vínculo entre pobreza, desigualdad y educación.

Preguntas para promover la reflexión y el debate (en clase o foro académico):

  1. ¿Por qué muchos jóvenes no consideran atractiva la profesión docente?
  2. ¿Qué implicaciones tiene para un país que sus maestros estén mal formados y mal remunerados?
  3. ¿Qué tan viable es la propuesta de crear centros especializados para formar docentes con apoyo internacional?
  4. ¿Qué relación existe entre desnutrición infantil y fracaso escolar?
  5. ¿Cómo deben reflejarse las prioridades educativas en los planes de desarrollo y los presupuestos estatales?

Aplicación didáctica sugerida:

Puedes utilizar este texto en un taller de lectura crítica para grados 10° y 11°, relacionándolo con temas como:

  • Educación como derecho fundamental.
  • Política educativa en Colombia.
  • Ética profesional del maestro.
  • Función social del Estado.

 

Cañones y mantequilla

 


Cañones y mantequilla

Por: FRANCISCO CAJIAO | 6:33 p.m. | 29 de agosto del 2011


Francisco Cajiao

Hacen falta nuevas universidades, para no tener que inaugurar tantas cárceles.

Recuerdo mucho de mis estudios de posgrado el libro de Samuelson en el que veíamos los rudimentos de la economía. Hablando de las políticas públicas, si mal no estoy, recurría a un gráfico muy sencillo, en el cual se apreciaba cómo si una sociedad decidía comprar más cañones tenía que sacrificar una buena cantidad de mantequilla.

 

 Dicho de otra manera, la disyuntiva es entre guerra y paz, soldados y profesionales, helicópteros y colegios... Es claro que toda sociedad requiere unas cosas y las otras. Lo que varía es la decisión sobre cuál debe prevalecer y qué debe sacrificarse. No es un misterio que en la última década el país optara por la guerra, los helicópteros, los soldados. Basta con ver la evolución del presupuesto nacional aplicado a estos rubros frente al que correspondió a la educación infantil, básica, superior, ciencia, tecnología, cultura...

 

No voy a discutir si el momento histórico lo exigía. Si la estupidez y anacronismo de las guerrillas lograron estos grandiosos objetivos sociales. Si la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico, los paramilitares requería un sacrificio adicional de la inteligencia.

 

Lo importante es que la agenda del Gobierno y la prioridad de la sociedad comienzan a oscilar de nuevo hacia la urgencia de civilización y civilidad. La guerra no es solo contra los grupos armados: pareciera que por fin se combate la corrupción, que, además del narcotráfico, financia toda clase de violencias y en especial la peor de todas que es la pobreza.

 

Y creo que nadie duda del valor civilizador de la educación, siempre y cuando ayude a promover las capacidades de los niños y jóvenes, en vez de perpetuar la inequidad. Pero esta condición aún no se aproxima a cumplirse. Mientras el Estado aporta un poco más de un millón de pesos por año para educar a un niño en un colegio público, en los privados pueden pagarse entre 10 y 20 millones por la educación de un estudiante de clase media o alta. Con estas cuentas la equidad no funciona.

 

 A esto se sumaba la propuesta de llevar a la educación superior el lucro como estímulo para abrir nuevas universidades. Por fortuna se tomó la decisión de prescindir de esta propuesta. Aparte de la resistencia de rectores, profesores y estudiantes, debió influir en algo la situación de malestar social en Chile, donde estuvo en estos días el Presidente. Allí se está cocinando un proceso que no me extrañaría que desborde las fronteras del país austral y empiece a contagiar la región. Los adolescentes y los jóvenes piden educación de buena calidad. Así de simple. No son terroristas, son inteligentes.

 

Alguien ha debido recordar mayo del 68 en París. A lo mejor corrió la voz de que antes hubo una rebelión de jóvenes contra la guerra de Vietnam en Estados Unidos. A lo mejor todavía hay quien recuerde la fuerza que pueden tener los jóvenes cuando deciden transgredir los preceptos del establecimiento: la historia registra la delgada línea entre la protesta, la fiesta y la violencia. Ya de esto se ocupó Bataille en su libro sobre el erotismo.

   

Lo importante ahora es que prescindir de una propuesta inoportuna no apacigüe la discusión central. Lo malo de esa propuesta no fue tanto su inconveniencia intrínseca, sino su poder para dejar al margen los aspectos más duros del debate. El punto central es que la universidad pública es insuficiente. Hacen falta nuevas universidades para no tener que inaugurar tantas cárceles. Son buenas las noticias de financiación de las que hay, pero deben crearse nuevas y deben controlarse muchas que son una estafa para los jóvenes. Esto, me parece, es lo que debe discutirse con proyecciones a diez y veinte años. A este plazo, ¿cómo será la relación de cañones y mantequilla?

frcajiao@yahoo.com

 

PROCESO DE COMPRENSION E INTERPRETACION TEXTUAL

Manos a la obra…

Preguntas de comprensión lectora por niveles

🟢 1. Nivel literal (la información está explícita en el texto)

  1. ¿Cuál es el libro que menciona el autor al inicio del artículo?
  2. ¿Qué metáfora económica se utiliza para hablar de las decisiones del gasto público?
  3. ¿Qué rubros priorizó Colombia en la última década, según el autor?
  4. ¿Cuánto aporta el Estado por año para educar a un niño en un colegio público?
  5. ¿Qué países y movimientos juveniles menciona el autor como ejemplos de protesta?

 🟡 2. Nivel inferencial (requiere interpretar o deducir)

  1. ¿Qué relación establece el autor entre la falta de universidades y el aumento de cárceles?
  2. ¿Por qué el autor considera inadecuada la propuesta de introducir el lucro en la educación superior?
  3. ¿Qué mensaje implícito transmite el autor al decir que “no son terroristas, son inteligentes”?
  4. ¿Por qué el autor podría estar comparando la situación actual con mayo del 68 en París o la protesta contra la guerra de Vietnam?
  5. ¿Qué consecuencias sociales podrían derivarse, según el texto, de seguir privilegiando el gasto militar sobre el educativo?

🔴 3. Nivel crítico (análisis y toma de postura)

  1. ¿Estás de acuerdo con la afirmación “Hacen falta nuevas universidades para no tener que inaugurar tantas cárceles”? Justifica tu respuesta.
  2. ¿Qué opinas sobre la diferencia de inversión entre colegios públicos y privados? ¿Qué alternativas propondrías?
  3. ¿Cómo interpretas la metáfora de “cañones y mantequilla” en el contexto colombiano actual?
  4. ¿Crees que los movimientos estudiantiles tienen un poder real de transformación social? Argumenta con ejemplos.
  5. ¿Qué rol debería jugar el Estado frente a la equidad en la educación superior?